martes, 10 de abril de 2012

Pauline Kergomard


Este texto está sacado del libro L’education maternelle dans l’école (1886) de Pauline Kergomard y trata sobre la forma correcta de preparar una clase infantil.
Pauline Kergomard (Burdeos, 1838-1925) era una maestra laica y republicana, pese a ser hija de un pastor protestante. Escribió (y dirigió más tarde) para L’Ami de l’Enfance, que era la revista de las salas de asilo. En 1881 fue nombrada inspectora general de las escuelas maternales. Dedicó cuarenta años de su vida a la educación maternal y asumió un papel fundamental en la creación del sistema educativo francés.
Madame Kergomard criticaba lo que ella llamaba la “educación homicida”, que “mataba” el espíritu de los niños. Creía que tanto “las pequeñas sorbonas”, que atosigaban a los alumnos con unas enseñanzas que no estaban preparados para recibir como las “cárceles” donde las maestras eran mas guardias que enseñantes y primaba la obediencia al aprendizaje eran profundamente dañinas para los niños. Creía que la educación debía imitar en cierta medida los cuidados de una madre abnegada, que ama a su hijo sin consentirlo, humillarlo ni forzarlo a aprender cosas para las que no está listo y que, por encima de todo, quiere lo mejor para él. “El amor hacia los niños, el verdadero, el único digno de ese nombre, es al principio un sentimiento, nadie lo niega; pero es también una ciencia: cosa de la que pocas personas parecen darse cuenta.” Escolarizar, socializar, enseñar y ejercitar eran las bases sobre las que consideraba que debía construirse la educación.
También le daba mucha importancia a la preparación de las lecciones. Para Kergomard una clase siempre ha de estar trabajada, no se puede dejar nada a la improvisación (“no se puede, pues, inventar ex abrupto una lección semejante”). El maestro ha de consultar todas las obras y fuentes posibles referentes al tema que impartirá, debe adecuar el vocabulario a la edad y capacidades de sus alumnos, prever todas las preguntas y preparar varios ejemplos. A ese exhaustivo método de trabajo  Kergomard lo llamaba “conciencia del estudio” (“semejante trabajo supone, no solamente ese deseo de hacer bien las cosas que yo llamaría la <<conciencia del estudio>>, sino también un amor paciente y desinteresado a la verdad, y un sentimiento profundo de la necesidad de alejar todo error del espíritu naciente de los niños”).
Comenzará primero realizando un plan, para que tenga un cierto orden a la hora de exponer su discurso y a continuación preparará y comprenderá cada una de las partes  para poder seleccionar que es lo más relevante. Además, “es preciso prepararla con bastante seriedad para que todo lo que es verdad científica se haya convertido en convicción en el espíritu de la maestra, […] para que pueda ponerse al alcance de su pequeño auditorio, cautivarlo por la originalidad de la exposición, por la variedad de ejemplos, por el interés de las anécdotas”; es decir, la maestra debe comprender y adaptar cada parte del plan.
Resulta encomiable que madame Kergomard planteara esas teorías educativas en aquella época tan “oscura”, tan poco preocupada por el desarrollo infantil de los más desfavorecidos y con tan poco trabajo previo sobre ese tema. Demostraba así que a la hora de trabajar con niños a veces lo más importante es la intuición. Ella misma había sufrido las consecuencias de una educación poco adecuada: huérfana de madre, con una mala relación con su madrastra, enviada a vivir con sus tíos durante su adolescencia…  Sin embargo supo sacar lo mejor de su entorno, como las bases de la pedagogía de la escuela de su tía o la moral aprendida de su padre y su tío, que eran pastores.
Sería perfecto que en todos los centros educativos se usaran teorías basadas en el sistema creado por madame Kergonard, pero lamentablemente hoy por hoy eso parece una utopía.
¿Se parecen los colegios de hoy a los recomendados por madame Kergomard? Han adoptado cosas, como los grupos separados por edades y reducidos en lo posible, los temarios adaptados a la edad del alumno o los muebles propios a su tamaño, pero aunque se utilice parte de la metodología desarrollada por Pauline Kergomard  los maestros normalmente no emplean la conciencia del estudio.

Esta metodología que parece idónea, no solo para las clases infantiles sino para cualquier circunstancia en la que haya que comunicar algo con precisión es, en muchos casos, inviable ya que  las circunstancias impiden la adecuada elaboración de las lecciones a enseñar.
A pesar de que hoy las aulas tengan a los niños separados por edades y en grupos medianamente reducidos, tal como proponía Kergomard,  la preparación de los temas a enseñar no puede ser tan exhaustiva como ella planteaba. Los maestros no pueden ser las madres abnegadas que pretendía Kergonard, ya que se encuentran con grandes trabas: la falta de tiempo, las exigencias de padres y superiores, el temario marcado… Sin olvidar el hecho de que los docentes son personas que trabajan un número pactado de horas a cambio de un sueldo, con su propia vida personal que también requiere tiempo y esfuerzo. Pocos maestros pueden prepararse las clases de la forma propuesta por madame Kergomard y menos son los colegios que le dan a ese tema la importancia que ésta le daba y faciliten ese trabajo tan vasto.
Sin embargo, y dentro de las limitaciones marcadas por las circunstancias, un maestro debería siempre usar la conciencia del estudio ya que una lección árida, incompleta o incomprensible, y las preguntas sin respuesta pueden ser desmotivadotas para el alumno. A pesar de que no se pueda llegar al extremo ideal buscado por Kergonard  siempre se puede tratar de preparar y amenizar las lecciones, empatizar con los oyentes y hacer la clase interesante y enriquecedora.
Sí, eso llevará tiempo, pero hay que hacer la distinción entre el tiempo empleado, ocupado, y el tiempo perdido” Pauline Kergomard, L’education maternelle dans l’école (1886).

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